Todos fuimos creados con un propósito. Usted se puede preguntar ¿qué es un propósito? Es un pensamiento de Dios para tu vida, hecho realidad. Es por eso, que cuando hablamos de propósito, estamos hablando del llamado de Dios. Y para poder conocerlo, primero necesitamos entrar en una temporada, porque cada una de ellas, nos van acercando a nuestro propósito.
Para entender esto, es importante saber que Dios trabaja en tiempos, temporadas y ciclos. El tiempo se refiere al que naturalmente vivimos, mientras que una temporada, se trata del Señor introduciéndose en la vida del hombre. Por lo que podemos decir, que el tiempo es natural y la temporada es sobrenatural. En consecuencia, si estamos en una temporada van a ocurrir cosas sobrenaturales, porque caminamos en la eternidad de Dios y empezamos a llamar las cosas que no son como si fueran, en referencia a Hebreos 11:1. Mientras que la persona que vive en el tiempo, sólo ve imposibles y nada cambia en su vida.
No obstante, debemos identificar que antes de entrar a cada temporada, primero vendrá una prueba. Por eso muchas veces he enseñado que, si usted está pasando por una dificultad debe estar alegre, creyendo que su desierto lo conecta con una su nueva temporada, y ésta a vez lo relaciona con su propósito. Por ejemplo, cuando Dios le dice a Moisés que vaya a Egipto a liberar al pueblo de Israel y le dará la tierra prometida. Diez veces tuvo que ir Moisés ante faraón, porque este le decía que sí dejaría ir al pueblo y luego se retractaba, pero lo que Moisés sabía en el espíritu, era que ya estaba por salir de esa temporada para
entrar en otra, en la que estaría frente a un mar cerrado y le diría a este “ábrete” y se abrirá. Entonces, no importa cuántas veces has ido a golpear esa puerta que permanece cerrada, solo sé que llegará el momento en que golpearás y se te va a
abrir.
Con respecto a las temporadas, en cada una de ellas Dios está regulando nuestro corazón, comienza a poner humildad, obediencia y temor; para que cuando usted sea lo que Dios quiere que sea, no se gloríe a sí mismo, sino que le dé toda la Gloria a Él.
Ahora bien, cómo nos preparamos para nuestra temporada:
1. Transformando nuestro corazón: Dios empieza a tratar ese corazón herido para sanarlo.
2. Dejamos el pecado: Dios nos sacude y limpia de todo aquello que no viene de Él.
3. Empiezas a hacerte un autoanálisis: dejamos de mirar el error del otro para ver nuestras faltas, y así poder cambiar nuestra vida.
4. La prueba se termina: si sigues viviendo en el desierto, es porque no has hecho el proceso completo.
5. La temporada va a estar cambiando: la expectativa de que Dios haga algo en nuestra vida, nos llevan a estar en constante cambio.
6. Dios siempre usará a alguien para introducirte en una nueva temporada. Cuando estemos en la temporada, primeramente, vamos a tener el favor de Dios para todo lo que hagamos y las cosas se empezarán a acelerar. Por último, tendremos descanso en el Señor, a pesar de las pruebas y desiertos, estaremos confiados de que Dios hará cosas para bendecirnos, muchas veces en doble
porción.
En fin, todo tiene su tiempo debajo del cielo como dice Eclesiastés 3:1-8. Muchos de ustedes han estado peleando o están en un desierto pensando que no saldrán de eso, pero hoy Dios les dice: por la fe con la que permanecieron en la prueba, van a salir para entrar a una nueva temporada.
Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.” Eclesiastés 3:1-8