Desde hace unas semanas, he estado hablando de una serie que el Señor me dijo que hablara a la iglesia, sobre cómo apropiarnos del Poder Sobrenatural de Dios, pero para ello, debemos ser hijos obedientes, hijos de fe, sumisos, morir a nuestro yo, a nuestra agenda para que sean los planes de Él los que prevalezcan, porque esos son mejores que los nuestros. También, debemos rendir nuestra voluntad, ceder para que sea Él quien haga, así como Jesús, quien rindió todo, aun sabiendo que iba a padecer, de esa forma, lograremos experimentar lo que el Señor desata: Su bendición, su presencia y su poder.
El Libro de Lucas 22:42, establece lo siguiente: Diciendo: Padre. Si quieres, pasa de mí esta copa; pero no sé haga mi voluntad, sino la tuya” La palabra rendirse, significa que Dios quiere algo de nosotros, que Él no tiene. ¿Qué es lo que quiere Dios? ¡Su voluntad! Si, nuestro albedrío propio, nuestras decisiones. Rendir nuestra voluntad es gradual, Jesús rindió completamente su voluntad a los 33 años, Él siendo el enviado por Dios, no hacía lo que a Él le parecía, sino que cedía todo para que el Padre estableciera su voluntad, y precisamente eso fue lo que permitió que Jesús levantara paralíticos, que resucitara al que estaba muerto, que los ciegos recobraran la vista, y que ¡Él resucitara!, había una unción sin medida. Y Le tengo una buena noticia, dice su Palabra que mayores cosas haremos.
Nada va a cambiar en tu matrimonio, tu economía, en tu entorno, hasta que no te rindas a Él. Rendirse y ceder es un acto voluntario, en la Palabra de Dios, en Efesios 4:22 manifiesta: En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos”. Rendirse y ceder es un acto voluntario, hay áreas que no hemos rendido, entonces, en eso, no conocemos a Dios. El rendirnos y ceder traerá recompensa.
El ceder nuestra voluntad no es algo impositivo, pero déjeme decirle que si usted quiere llegar a mayores niveles en su fe, y ser usado por el Señor, debe rendir su voluntad, sus decisiones y planes.
¡Cuando cedemos, conocemos al Espíritu Santo y su plenitud! En nuestro Ministerio nos ajustamos a un horario, pero nosotros le cedemos el paso a Él para que su presencia, su bendición y su poder se manifiesten aquí.
