En el Libro de 2 Samuel 9:1-13, habla de la bondad del Rey David hacia Mefhi-boset, de ese pacto hermoso que había entre David y Jonatán, quien buscó la manera de retribuir ese pacto, diciendo: ¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia por amor de Jonatán? Y Siba respondió al rey: Aún ha quedado un hijo de Jonatán, lisiado de los pies.
Quiero rescatar algo, nosotros estábamos “lisiados”, inválidos, muchos antes de llegar al reino, pero hubo uno que hizo un pacto, y Dios no se olvida de los pactos que ha hecho con nosotros. Y nos abre infinitas puertas, nos conecta con nuestro destino. Y aun cuando somos imperfectos, el Señor siempre nos quiere dar más, si volvemos a la Palabra, vemos al Rey David, quien no nació en cuna de oro, era un pastor de ovejas que pasó al palacio, esto nos enseña que, aunque no estamos preparados ni sepamos vivir en un palacio, Dios no nos dejará de darnos un palacio, ¡Él nos prepara!
Si leemos las Escrituras, Mefhi Boset estaba lleno de temores, y esto me llevó a recordar que yo era un lisiado, no tenía capacidad de hablar delante de la gente, recordaba mi pasado, mis temores, pero cuando llegué a profundizar el pacto de Jonatán con David, al pacto de Dios con Abraham, ¡Tremendo! Y nosotros no siendo hijos directos, a través de la sangre de Jesús fuimos adoptados.
Muchos años atrás nadie creía en nosotros, el Dios todopoderoso habló con Abraham, le dijo tu descendencia será incontable, ¡Y aquí estamos! Jesús, llevó nuestros temores y nos hizo reyes y sacerdotes. No estamos mutilados, hay un pacto eterno que quiero recordarte.
Quiero enseñarle que cuando Dios hace un pacto, Él lo cumple. Y que, a través de la muerte de Jesús, Dios no conecta con nuestra bendición.
Mudarse al palacio significa salir de la escasez, de las limitaciones, y Él lo tiene para nosotros. La bendición de hoy, es pequeña para lo que Él te tiene. Lo que vives hoy, no es ni la sombra de lo que Él te quiere dar
