REVELACIÓN DEL CORAZÓN CORRECTO

La verdadera adoración no mide costos ni consecuencias. Esta tarde entendimos que, así como el agua refleja el rostro, el corazón refleja a la persona. Fuimos desafiados a imitar a la mujer de Betania, quien no escuchó el razonamiento humano que criticaba el “desperdicio”, sino que derramó un perfume que valía un año de trabajo a los pies del Maestro.

Mientras la mente calcula, Cristo valora la entrega sin reservas. Él defendió esa ofrenda con una promesa eterna: “En cualquier lugar del mundo… se hablará también de lo que hizo esta mujer” (Mateo 26:13).

No guardes nada para después. Hoy es el día de derramar lo mejor que tienes ante Él, porque donde está tu tesoro, allí está tu corazón. ¡Que tu ofrenda sea memoria delante de Dios!