PRIMICIAS DE HONRA Y ALABANZA
En este tiempo de primicias hemos entendido que Dios no busca que cumplamos un domingo, sino que vivamos en comunión con Él. No se trata solo de traer un fruto, sino de entregarle la primicia del corazón, sin reservas ni estructuras.
Cuando honramos a Dios desde lo profundo, en adoración, activamos los principios de Su Reino, una economía inconmovible que no depende de lo natural, sino de Su fidelidad. Hoy abrimos nuestro interior y declaramos: “Alzad, oh puertas, vuestras cabezas… y entrará el Rey de gloria” (Salmos 24:7). No son puertas físicas, es el corazón rindiéndose para que el Rey gobierne.
Por tanto, honrar a Dios es ponerlo primero, amarlo, confiar en Él y caminar en obediencia, sabiendo que Su bendición siempre llega, porque Él no miente ni se arrepiente.
¡Hagamos este tiempo de primicias una oportunidad para volver nuestro corazón a Dios y dar lo mejor, lo primero y lo escogido a Él!