La Palabra de Dios en Libro de Jeremías 1:18-19 nos declara:
“Porque he aquí que yo te he puesto en este día como ciudad fortificada, como columna de hierro y como muro de bronce contra toda esta tierra, contra los reyes de Judá, sus príncipes, sus sacerdotes y el pueblo de la tierra. Y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo, dice Jehová, para librarte”.
Este mensaje nos lleva a una pregunta profunda:
¿Vamos a ser un leño o una columna?
La madera tiene características importantes: puede ser resistente para construir, útil y fuerte; pero también está expuesta al ataque silencioso de las plagas. De la madera se obtiene la celulosa y precisamente por eso llegan colonias de termitas o comején para alimentarse de ella. Aunque por fuera la madera parezca firme, por dentro puede estar siendo consumida lentamente hasta debilitarse completamente.
Así también ocurre en la vida espiritual. Tenemos un enemigo en común y muchas veces su estrategia para debilitarnos no es visible al principio. Como la termita en la madera, entra por pequeños portillos y comienza a desgastar desde adentro lo que parecía sólido y firme. La murmuración, el pecado oculto, el descuido de la oración, la falta de lectura de la Palabra y el alejamiento de la congregación abren grietas espirituales que permiten ese daño silencioso.
Muchas veces las señales comienzan poco a poco:
- Se hace difícil leer la Biblia.
- Se hace difícil orar.
- Se hace difícil congregarse.
- Ya no existe el mismo deseo de buscar a Dios.
- Aparecen grietas espirituales y frialdad en el corazón.
La Escritura nos advierte claramente en Primera Epístola a los Corintios 15:33:
“No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres”.
Por eso debemos cuidar aquello que alimenta nuestra vida espiritual. Así como existe una savia y un aceite dentro de la madera que atrae al comején, también hay algo valioso dentro de nosotros: la presencia y la obra del Espíritu Santo. El enemigo siempre intentará atacar aquello que Dios ha depositado en nuestra vida para debilitarnos y detener nuestro crecimiento espiritual.
Pero Dios no nos llamó a vivir secos, frágiles o fáciles de quebrar. Él nos llamó a ser columnas firmes en su presencia, hombres y mujeres fortalecidos por su Espíritu, capaces de permanecer aun en medio de las pruebas.
La Palabra declara en Epístola de Santiago 4:7 📖:
“Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros”.
Cuando nos sometemos a Dios, permanecemos en oración, buscamos su presencia y cuidamos nuestra salvación, dejamos de ser madera vulnerable para convertirnos en columnas firmes y estables. Una columna sostiene, permanece y da seguridad a otros.
Hoy el Señor nos llama a levantarnos como columnas para nuestra familia, nuestro hogar y nuestra generación. Que no permitamos que las pequeñas grietas destruyan lo que Dios está edificando en nosotros. Permanecer cerca de Dios es lo que fortalece nuestra vida espiritual y nos mantiene firmes hasta el final.
