Quiero compartir con ustedes algo que el Señor me instó a hablarle a la iglesia, una palabra de liberación que debe causar un cambio en su vida, porque la palabra de Dios es para ser oída, leída pero sobre todo, obedecida.
En la palabra de Dios, en el libro de Deuteronomio 30:19, dice: “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia;”. Dios nos pone en frente de la bendición y la maldición, Él no nos obliga, son nuestras decisiones las que nos hacen caminar bajo bendición o maldición. Antes de conocer a Jesús, usted pertenecía al reino de las tinieblas, vivía en rencilla, en carencias, alcohol, drogas, sexo ilícito, falta de perdón, malas palabras, es decir, vivía bajo la ley de Satanás, que es estar en maldición. Pero al entregarle su vida a Jesús de Nazareth, vino al reino de la luz, por tanto, para seguir en una vida bajo el reino de la bendición, debemos obedecer sus estatutos, y así nuestras generaciones serán alcanzadas por el fruto de la bendición.
Está en nosotros escoger bendición o maldición… la pregunta es: ¿qué puerta abre usted? la Palabra también dice en Proverbios 26:2: “Como el gorrión en su vagar, y como la golondrina en su vuelo, así la maldición nunca vendrá sin causa”. La maldición siempre va a querer volver, dice la Biblia en Mateo 12:43-45, que cuando el espíritu impuro sale del hombre, anda por lugares secos buscando reposo, pero no lo halla. Entonces dice: “Volveré a mi casa, de donde salí”. Cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada, entonces va y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entran y habitan allí; y el estado final de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Le explico, cuando usted llega a Cristo, Él le sana, le limpia, le restaura, lo libera, pero hay una condición, se debe estar ocupado, es decir, estar orando, sirviendo en la iglesia, ayunar, leer la palabra, hablarles a otro de lo que el Señor puede hacer, porque si Él te limpió, si tu vida cambió, y no estás haciendo nada, eres presa fácil. Porque tu ser debe llenarse de Dios, acercarse más a Él. Regresando al libro de Proverbios 26:2, las maldiciones vuelven, entonces, si usted le abre el corazón a lo malo, si juega con el pecado, la maldición regresará, si deja de orar la maldición va a volver, ¡No podemos estar desocupados!
La maldición siempre está tocando la puerta, por eso debe encontrarnos ocupados, ¿estabas en drogas? ¿Tenías alguna enfermedad? ¿Tu matrimonio salió de los problemas? ¿Tus hijos eran rebeldes? Toda maldición va a querer volver, y usted no puede estar jugando con el pecado. Tanto usted como yo, tenemos la decisión de escoger vida o maldición, por eso debe estar firme, guerrear, porque la vida de un cristiano no es maravilla, es una vida que se debe pelear la buena batalla de la fe. Por eso, debe orar, estar atento, estar en la iglesia, porque aquí usted será entrenado, adiestrado, y se levantará como parte del Ejército de Dios para conquistar.

Josué estuvo cuarenta años con Moisés, él entró a la tierra prometida pero debía conquistarla, así pasa con nosotros, Dios nos conecta con nuestra bendición, pero nosotros debemos conquistarla.
Muchos abren puertas de maldición, como dice un dicho popular: “lo que no cuesta, no se valora”, y es así, se vuelven al pecado porque no fueron crucificados, a Jesús le costó, somos salvos por gracia. ¡Valoremos su sacrificio! El Señor nos da una tierra prometida, pero debemos conquistarla, y lo primero que debemos hacer es ser obediente y pelear la bendición, de esa manera vas a valorar la sangre de Jesús.
En las Escrituras, en Josué capítulo 6, cuenta sobre la toma de Jericó, para que nos ubiquemos en el contexto, Jericó era una ciudad fortificada, contaba con muros altos y gruesos, por ejemplo, si hoy en día estuviera de pie, sería del tamaño de una carretera de seis pistas, imposible de derrumbar, pero Dios le dio la estrategia a Josué, diciendo: Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó y a su rey, con sus varones de guerra. Rodearéis, pues, la ciudad todos los hombres de guerra, yendo alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis días”. Josué hizo saber esto a los sacerdotes, unos se quejaron y murmuraron, otros atendieron el llamado, y ya a la séptima vuelta. Josué dijo al pueblo: Gritad, porque Jehová os ha entregado la ciudad. Y será la ciudad anatema a Jehová, con todas las cosas que están en ella…”.
Las bendiciones y las maldiciones llegan porque alguien le abrió las puertas. En el capítulo 6, versículo 18 de Josué, dice: “Pero vosotros guardaos del anatema; ni toquéis, ni toméis alguna cosa del anatema, no sea que hagáis anatema el campamento de Israel, y lo turbéis”. Aquí me detengo, porque quiero hablarles sobre los anatemas, en el siguiente capítulo, Josué debía conquistar Hai, otra ciudad, pero acá, el pueblo de Israel cometió una prevaricación en cuanto al anatema, y hombres de Josué, fueron matados a espadas, fue dolido el corazón de Josué, rasgó sus vestidos, pero en medio de todo esto, Jehová le dijo: Levántate, santifica al pueblo, y di: Santificaos para mañana; porque Jehová el Dios de Israel dice así: Anatema hay en medio de ti, Israel; no podrás hacer frente a tus enemigos, hasta que hayáis quitado el anatema de en medio de vosotros. Dios nos manda a destruir los “anatemas”.
Para que podamos entender mejor esto, el término anatema, significa "algo maldito”. Usted debe estar atento a todo aquello que es constituido como anatema, en lo que creemos inofensivo u adorno, puede ser una puerta de maldición, le hablo de creencias en objetos que vienen de culturas, modas, del ocultismo… Ejemplos de estos: el elefante blanco, las pirámides (son ataúd, el dios era el sol), los pitufos (duendes), los videojuegos que hoy los niños y jóvenes juegan, el gato de la suerte, la herradura, la pata de conejo, la cinta roja, ramos de palma, palos aromatizantes, pulsera de huesos, imágenes de vírgenes, calaveras, mandalas, de hecho, debemos tener cuidado de la música que escuchamos, todo esto fue creado para llamar suertes, adorar dioses y traer maldición. Algo más, la cruz, si, representa a nuestro Jesús, pero Él resucitó, la muerte no lo pudo retener.
Déjeme decirle que a usted no lo salva, no le provee y no le sana un atrapa sueños, ni nada de eso u otros objetos que engañan con traer prosperidad…Es Jesús quien lo hace, y fue Él, quien se hizo maldito para que usted viviera en bendición.
¡Mi invitación para ti hoy, es que escojas vida y bendición!