El fuego del Espíritu Santo no fue dado para apagarse con la rutina, la razón o los afanes de este mundo. Dios nos llamó a vivir encendidos en su presencia, con un corazón expectante y dispuesto a buscarlo cada día más. El fuego espiritual necesita ser alimentado constantemente a través de la oración, la fe, la obediencia, la comunión con Dios y una relación viva con el Espíritu Santo.
La Palabra de Dios declara en Evangelio de Mateo 3:11:
“Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego”.
Ser llenos del Espíritu Santo significa ser investidos de poder para caminar con valentía, creer más allá de lo visible y responder al llamado de Dios con osadía y convicción. No se trata solamente de haber tenido una experiencia espiritual en el pasado, sino de vivir en una llenura continua que transforme nuestra manera de pensar, hablar y vivir.
Cuando el fuego del Espíritu permanece encendido, seguimos creyendo aun en medio de las pruebas, seguimos buscando la presencia de Dios aun en tiempos difíciles y permanecemos firmes aunque el mundo alrededor quiera enfriar nuestra fe.
La Escritura nos advierte en Apocalipsis de Juan 3:13-16:
“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, le daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe. Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca”.
Dios no desea una iglesia tibia ni creyentes apagados espiritualmente. Él anhela corazones encendidos, apasionados por su presencia y sensibles a la voz del Espíritu Santo.
El fuego tiene un propósito poderoso. El fuego se usa para transformar, para purificar y para quitar toda impureza. Así también el fuego del Espíritu Santo purifica nuestro corazón, fortalece nuestra fe y nos prepara para caminar en santidad.
Jesús también declaró en Evangelio de Juan 4:13-14:
“Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed; mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna”.
Cuando el Espíritu Santo llena nuestra vida, ya no dependemos solamente de emociones momentáneas, porque dentro de nosotros comienza a fluir una fuente espiritual que permanece viva y activa.
La promesa del poder del Espíritu también fue dada en Evangelio de Lucas 24:49:
“He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto”.
La palabra “investidos” habla de ser cubiertos completamente por el poder de Dios. Así como una prenda es sumergida en una sustancia y cambia totalmente de color, de la misma manera el Espíritu Santo quiere cubrir completamente nuestra vida hasta transformar nuestro carácter, nuestras palabras y nuestra manera de vivir.
Cuando somos investidos por el Espíritu Santo:
- Hablamos con autoridad espiritual.
- Hablamos nuevas lenguas.
- Los enfermos pueden ser sanados.
- Los cautivos encuentran libertad.
- Caminamos con valentía y poder espiritual.
La Iglesia primitiva entendió esta verdad y vivió llena del Espíritu Santo. Por eso la Palabra declara en Hechos de los Apóstoles 13:52:
“Y los discípulos estaban llenos de gozo y del Espíritu Santo”.
Hoy Dios sigue buscando hombres y mujeres dispuestos a mantener vivo el fuego espiritual. No podemos permitir que la rutina, el pecado, la frialdad o las preocupaciones apaguen aquello que Dios encendió dentro de nosotros.
Que cada día podamos anhelar más de su presencia, más de su poder y más de su Espíritu Santo. Porque cuando el fuego de Dios permanece encendido en una vida, todo alrededor comienza a ser transformado.
