En la Biblia, encontramos el relato de la conquista de Jericó, en el capítulo 6 del Libro de Josué, donde cuenta que el ejército debía marchar alrededor de la ciudad una vez al día durante seis días. Siete sacerdotes debían llevar siete trompetas de cuerno de carnero delante del Arca de la Alianza. En el día siete, darían siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarían las bocinas. La gente no debía decir nada durante las primeras seis veces en su marcha alrededor de Jericó. Después de dar siete vueltas alrededor de la ciudad, en el séptimo día, los sacerdotes debían hacer sonar las trompetas de cuernos de carnero, y todo el pueblo dar un gran grito, y los muros caerían al suelo. Ellos obedecieron, y los muros cayeron tal como Dios había dicho a Josué y pudieron tomar la ciudad. Fue así como se derribaron los muros de Jericó que impedían el paso a la tierra prometida.
Vemos en la Escritura que el pueblo de Israel tenía que conquistar, muchos años ellos estuvieron esclavos de los egipcios. Un día, Dios levanta a Moisés para liberar a su pueblo, un hombre aguerrido, fuerte, punta de lanza. y vemos como le da una promesa, que los llevaría a una tierra donde fluye leche y miel y los libraría de Egipto. Esto pasa con nosotros de igual forma, por mucho tiempo vivimos en esclavitud, esclavos a la depresión, a la droga, al alcohol, a la mentira, entre otras cosas, y en determinado momento, Dios nos presenta un Moisés que nos conecta con los planes de Dios y con una familia espiritual, además, es quien nos habla de las promesas que hay al salir de la esclavitud del Faraón, que esta puede ser una enfermedad, falta de perdón, puede ser una situación difícil, pero al hacer la transición de la esclavitud a la libertad, hay infinitas bendiciones que fueron ganadas a través de la cruz.
Dios le había dado al pueblo de Israel, la promesa de la tierra que fluye leche y miel, a la tierra de bendición, pero tenían que conquistarla, hay promesas para usted y para mí, pero tenemos que ganarlas, en la Palabra se nos enseña, que, a mayor sacrificio, mayor recompensa. Muchas personas no valoran lo que le dan, pero cuando se esfuerza por obtenerlo, percibe el valor de las cosas.
Muchos de nosotros tenemos muros que derribar en nuestra vida, aunque Dios nos sacó de un lugar, nos restauró, tenemos que entender ciertas verdades espirituales, y hay muros que debemos conquistar. Una enseñanza que habla claramente de esto, es lo vivido en los muros de Jericó, si vamos al libro de Josué, encontraremos cada detalle de esa conquista, un lugar que era inconquistable, conocida como ¨Jericó¨, su significado es ciudad luna, un centro de adoración a la luna, y estaba amurallada no solo en lo natural, sino también en lo espiritual, era asentamiento de potestades y principados, era impenetrable. y no le permitían a Israel cobrar su herencia. El pueblo de Israel tenía que conquistar.
La ciudad estaba amurallada, tanto externa como internamente, que abarcaban hasta tres o cuatro hectáreas, eran de más de 9 metros de largo, lo separaban entre muros una separación de 5 metros, tenían 10 metros de ancho, estaba completamente fortificada, sin embargo, el pueblo de Israel la conquistó.
Yo no sé qué área de tu vida, de tu familia, de tus finanzas aun no ha sido conquistada, porque si, todos luchamos con algo y tenemos muchas promesas sobre nuestras vidas. Hay cosas que tu conquistaste y ahora ellas te conquistaron, son aquellas cosas que tu dejaste de hacer y volviste a ellas, pero te tengo una noticia, esos muros caerán al escucharte, no a la primera, aprende a callar y a esperar la instrucción de tu Padre y toma lo que te pertenece, porque un hijo de Dios, establecido en sus promesas, ¡CONQUISTA!
Los que se oponen, ellos saben que eres hijo de Dios, un conquistador. El Señor te dice hoy: ¡Levántate y reclama tu herencia!
Conquista en el nombre del Señor, en Él, ¡harás lo inimaginable!
