Hay historias extraordinarias en la Biblia que nos llevan a otro nivel en nuestra fe, en nuestro servicio y en el amor por otros. Una de las que impactan es la historia de Zaqueo, donde cuenta que donde Jesús iba era celebrado, toda la gente daba palmas anunciando su celebración. Zaqueo no era querido. Jericó tenía una conexión con el mundo, y Jesús fue a esa ciudad, de Persia a Judea, entonces, Zaqueo era el jefe principal de impuesto interno. A todas las personas que pasaban por Jericó, les decía "Paguen los impuestos" .
Cuando se enteró que Jesús estaría allí, este hombre procuraba verlo, él era el principal en el pueblo y era rico. Pero no le interesó lo rico que era, ni el cargo que tenía. Él quería ver a Jesús, él estuvo dispuesto a perder la reputación por Jesús de Nazaret, Zaqueo en ese momento que sabe que el Mesías llegaba, se subió a un árbol y no le importó lo que dijeran de él
Dice la Palabra que él oyó que venía el Mesías, y se desesperó su corazón por conocerlo, sin importar lo que decían del Maestro. Otro ejemplo con respecto a corazones cambiados por un encuentro, fue el de Mateo, el cobrador de impuesto, él seguía al Mesías y creemos que Zaqueo notó lo que había hecho Jesús en la vida de Mateo, porque la gente nota el efecto de la presencia del Señor en tu vida.
Hay algo impresionante, y es que Jesús reacciona a una mirada de fe, a la demanda, a un corazón desesperado por conocerle, aún cuando agolpaba la multitud.
Muchas de las cosas que ocurren es porque actuamos para gradar al hombre. Pero miren lo que ocurrió en Lucas 19:1-10, Zaqueo se fue a lo más alto del árbol de sicomoro, si, porque cuando quieres buscar al Señor, haces lo que sea para ser encontrado por Él.
Zaqueo no tenía una vida intachable, y mucho decían de Jesús, pero no prestó atención a los comentarios, no se dejó paralizar por el que dirán... Y miren que el Señor agradó lo que este hombre había hecho, y en medio de la multitud gritó: Zaqueo, date prisa, desciende. Porque hoy es necesario que yo pose hoy en tu casa. Imagínense cómo bajó él de ahí. ¡Y lo recibió con gozo! En ese momento, todos murmuraban que iba a casa de un pecador. Hermanos, van a murmurar, pero hay alguien que pelea por ti, y ese es Jesús.
Al entrar a la casa de Zaqueo, vino salvación y libertad, y también convicción de pecado. Eso precisamente es lo qué pasa cuando dejas que sea Él quien gobierne tú corazón, tú vida y tú casa... ¡algo va a producir, un cambio va a llegar!
Y eso mismo que experimentas cuando llega a Jesús a tu casa, debes llevarlo a otros, El Señor no es solo de la iglesia, no es lo que vives el domingo, debes llevarlo a tu familia, a todo tu entorno.
La gente va a criticar tu cambio y lo malo será visto como bueno y lo bueno como malo, pero este es el tiempo que así como Zaqueo no le importó como lo vieran, lo que habían dicho de él al recibir a Jesús o lo que dijeran por su estatus económico, buscó ansiosamente ser visto por Jesús y tener el privilegio de recibirlo en su casa. Hoy te pregunto: ¿Quieres experimentar lo que vivió Zaqueo? ¡Ve a su encuentro!