Necesitamos reflexionar sobre una verdad fundamental del evangelio: la necesidad de recuperar aquello que se ha perdido. No se trata solamente de recuperar fuerzas, ánimo o pasión espiritual, sino de volver al corazón de Jesús y abrazar nuevamente aquello que más le importa: las almas.
Con el paso del tiempo, es posible que la iglesia pierda el enfoque y se ocupe más de discusiones, argumentos o preocupaciones temporales que de la misión que Cristo dejó. Sin embargo, Dios nos está llamando a despertar, a caminar por fe y a volver a mirar a las personas con los mismos ojos de amor y compasión con los que Él las mira.
La Escritura declara en 2 Pedro 3:9:
“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”.
Este versículo nos revela el corazón del Padre. Dios sigue siendo paciente porque su deseo no es la condenación del hombre, sino su salvación. Cada día que pasa es una nueva oportunidad para que alguien conozca a Cristo, experimente su amor y reciba vida eterna.
Así como Jesús se acercó a Zaqueo cuando nadie más lo hacía, también hoy continúa buscando a aquellos que están alejados, heridos, confundidos o perdidos. El evangelio no fue diseñado únicamente para quienes ya están dentro de la iglesia, sino para alcanzar a quienes todavía necesitan encontrarse con el Salvador.
Jesús siempre mostró interés por aquellos que otros ignoraban. Su amor rompía barreras, transformaba vidas y restauraba corazones. Ese mismo amor ha sido derramado sobre nosotros, no para guardarlo, sino para compartirlo con otros.
Recuperar lo que se ha perdido significa recuperar el amor por las almas. Significa volver a sentir carga por aquellos que aún no conocen a Dios, orar por ellos, buscarlos, acompañarlos y mostrarles el camino hacia Cristo. La misión de la iglesia nunca ha sido simplemente reunir personas, sino hacer discípulos que amen y sigan a Jesús.
Cada creyente ha sido llamado a ser un instrumento de reconciliación, llevando esperanza donde hay desesperación, luz donde hay oscuridad y verdad donde existe confusión. El amor que hemos recibido de Cristo debe impulsarnos a salir de nuestra comodidad para alcanzar a otros con el mensaje del evangelio.
Hoy el Señor nos invita a recuperar el enfoque, recuperar la pasión y recuperar la misión. A dejar atrás todo aquello que nos distrae y volver a aquello que siempre ha estado en el centro de su corazón: buscar y salvar lo que se había perdido.
Que nuestro amor por Jesús se refleje en nuestro amor por las personas. Que podamos anunciar su nombre con valentía, extender su gracia con compasión y acompañar a otros hasta que lleguen a convertirse en verdaderos discípulos de Cristo.
Ese es el llamado para este tiempo: recuperar el amor, recuperar el propósito y volver a la misión que el Señor nos encomendó.
